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Simposio Pensar la Enfermedad en América Latina y el Caribe

VIII Congreso Colombiano de Filosofía

Ponente

Universidad

Universidad

Conferencia

Pontificia Universidad Javeriana

Enfermedad y cotidianidad

Resumen

La enfermedad ha sido considerada de múltiples maneras a lo largo de la historia de la filosofía. Por ejemplo, como un hecho objetivo de naturaleza psicofísica tematizado a la luz de la mirada biomédica; como un hecho social y político abordado desde la perspectiva de las ciencias sociales; como un fenómeno relacional examinando las implicaciones éticas y bioéticas de una determinada afección o dolencia. Se puede también estudiar desde su dimensión histórica, tal como se aborda la enfermedad desde la epistemología histórica o clínica (Canguillhem, 1947; Foucault, 1963), señalando la historicidad de su constitución, más allá de toda determinación patológica dada. Igualmente, se puede describir como un fenómeno de naturaleza existencial (Aho, 2018), en particular, desde los enfoques narrativos o expresivo-estéticos, tan frecuentes en los llamados abordajes de las humanidades médicas. En todo caso, buscando alcanzar una comprensión más acorde con la experiencia humana de la enfermedad, estos diferentes enfoques se complementan e implican mutuamente tanto en su dimensión descriptiva como en sus posibilidades terapéuticas. Buscando captar su comprensión integral, la enfermedad como fenómeno ha sido también objeto de su consideración fenomenológica, en particular, a la luz de los intentos de la reciente fenomenología de la enfermedad (Carel, 2016; Radcliff, 2013), ya sea en sus diferentes versiones o enfoques, resaltando la necesaria articulación entre lo objetivo y lo subjetivo, lo existencial y lo histórico y, finalmente, entre lo individual y lo comunitario. Siguiendo estos abordajes fenomenológicos complementarios, queremos detenernos en una serie de consideraciones sobre la relación entre la enfermedad y la cotidianeidad, examinando sus implicaciones filosóficas, sobre todo aquellas que resaltan sus implicaciones antropológicas. Para ello, partiremos del hecho de que nuestra cotidianidad nos muestra una y otra vez que no podemos evitar ser frágiles y, por tanto, ser afectados por determinadas dolencias o enfermedades. Por esta razón, si queremos dar cuenta de una descripción fenomenológica de nuestro modo cotidiano de existir, no podemos pasar por alto la consideración de la enfermedad y los fenómenos con ella vinculados, tanto en su dimensión somática, existencial, social y política. En este contexto metodológico y temático, la pregunta por la enfermedad se ha convertido hoy en la pregunta por las posibilidades de nuestro existir cotidiano en comunidad. En efecto, toda enfermedad o dolencia, ya sea de naturaleza crónica, pasajera o aguda, implica una cierta modificación o alteración de nuestra cotidianidad; pero también lleva consigo la emergencia de una nueva cotidianeidad surgida en y a través de esta alteración. Examinar estas formas alteradas de vida nos permite descubrir modos de existencia humana realmente insospechados en las consideraciones habituales de la cotidianeidad, que normalmente resaltan modelos sociales o parámetros estandarizadas de la promoción comunitaria de una vida que se sobreponga a toda dolencia o enfermedad. Estas formas disruptivas nos indican a la vez nuevas posibilidades de lo humano y, por ello, abren grandes desafíos existenciales para una vida en común con criterios de justicia, solidaridad, tolerancia y comprensión. En este sentido, la enfermedad en cuanto es una forma disruptiva de la vida es siempre también no sólo un desafío psicosomático, sino también hermenéutico.
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